
De cómo Veronese penetró mi virgo chejoviano
Por Lola Latina
(Especial para www.ruletachina.com #7)
Llevo poco más de un año en Buenos Aires. En Argentina y Venezuela se habla el mismo idioma… casi siempre, y ambos países son latinoamericanos… casi siempre. Pero el rollo de la adaptación a otro país no se hace más fácil porque se comparta la misma lengua o contexto geográfico.
Volver a moverme en mis aguas, las teatrales, como lo hago desde hace por lo menos dieciséis años, me costó un poco. Cada vez que me decía: “qué demonios, nunca me ha importado ir sola al teatro”, por ejemplo, un ladrillo gigante me caía desde algún punto del techo de mi casa apenas me acercaba a la puerta y, zuas, me devolvía.Sólo esto explica que sea ahora cuando, ya a mis anchas, haya “descubierto" a Daniel Veronese.
Sucedió con Espía a una mujer que se mata, su versión de Tío Vania, de Anton Chéjov.
No hay en esta propuesta letargo, pasividad. Veronese suple la quietud por un dinamismo vertiginoso, y redescubre la carga sexual de la obra.
Escudriña por otros senderos para lograr su propio mood chejoviano. Escupe sin pudor ni contemplación el drama de Tío Vania. Materializa el profundo patetismo de sus personajes y el círculo de miserias en el que ellos se desenvuelven interna y exteriormente.
Uno de los medios que emplea para mostrar la fórmula miseria + patetismo + sexualidad + lo que no se dice, que forma el eje de su puesta, es el teatro dentro del teatro. Los personajes brillan en el carácter miserable de sus vidas mientras juegan a vivir, a través del teatro.
No hay lugares comunes en la actualización. Algunos códigos de vestuario y la invitación a escena a Jean Genet (también se lo invita a Stanislavsky), con su obra Las Criadas, que data de 1947, bastan para alcanzar la ilusión de contemporaneidad.
La escenografía lúgubre (que, según explica el programa de mano, es la misma de Mujeres sonaron caballos, montaje que precede a Espía a...), funge como disparador del encierro interior y miserable de sus personajes.. Lo bucólico sólo aparece en la ilusión de Astrov de salvar los bosques. Pero no en el escenario.
Con Espía a… Veronese responde a la pregunta que constantemente se hacen los personajes de Chéjov: ¿cómo será el mundo en… años? Sencillo, la misma cagada. Sólo cambian los artilugios.
Mi virgo Chejoviano, incorrupto por la solemnidad y rigidez con la que tantas veces vi al autor en escena, fue gozosamente penetrado por la agudeza de este director que entendió a Chéjov, y a quien lo que más parece importarle es el ser humano.
Viernes y sábados, 23 hs. El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960, Buenos Aires).

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